Hoy ha sido mi primer día como monitora de baile, y parecía divertido pero lo cierto es que no lo ha sido. En realidad yo había propuesto un taller de costura básica para niños, porque este verano hice algo parecido y funcionó genial, pero no ha podido ser y me ha caído el taller de baile (el año pasado ya me ofrecí en un arranque de valentía, ¡quién me manda!). Me había preparado una pequeña coreografía la mar de maja y funky, y al llegar me encuentro con un montón de niños muy pequeños que sólo aspiraban a hacer la croqueta y lo-que-ellos-aun-no-saben-que-se-llama pogo. Por si no me sentía bastante frustrada, ha venido alguna madre a refunfuñarme porque a su hija lo que le gusta es el flamenco y ponerse la falda y los tacones, y yo explicándole que haríamos un poco de todo y ella venga a decirme que su niña es muy flamenca.
Voy a borrar a Lady Gaga y Beyoncè de mi carpeta de descargas y me voy a poner a bajar sevillanas. A tomar por saco.
Y mi conexión a internet viene y va, y en unos momentos tendré que cortar otra vez y hoy estoy un poco hasta el moño de no poder hacer prácticamente nada durante más de quince minutos sin ser interrumpida. Oh, sí, soy muy desgraciada.
Pues hala, como ya me he quejado a gusto, me voy con viento fresco. Próximamente: pensamientos positivos.